Filosofía
La filosofía viene definida, ya desde sus inicios, como un tipo de saber que es, de suyo, principio de todos los saberes, en la medida en que todos los saberes comienzan por una pregunta dirigida del hombre a las cosas. Por eso no es casual que en la propia acuñación del término se encuentre la referencia explícita al hombre como un ser atravesado por una carencia, por una falta, que viene a concretarse en la forma del “amor a la sabiduría”. Con la filosofía nace, entonces, la pregunta del hombre por las cosas y, con ello, la pregunta por la naturaleza, por el cosmos y por el hombre mismo.
Por ello, la materia de Filosofía es una de las asignaturas fundamentales en una etapa educativa en la que se accede a la comprensión de los diferentes aspectos de lo real, profundizando, por una parte, en el análisis crítico de esas dimensiones de la realidad que permiten entender el lugar del hombre en el mundo y, por otra parte, en el estudio histórico de las diferentes concepciones del mundo y del hombre (como ser teórico, práctico y productivo). Con ello, la Filosofía introduce no sólo en los textos fundamentales de los filósofos más representativos de la Historia del pensamiento, sino también en la potenciación de una capacidad crítica para la comprensión de nuestro tiempo presente.
“Pues he aquí lo que sucede: ninguno de los dioses filosofa ni desea hacerse sabio, porque ya lo es, ni filosofa todo aquel que sea sabio. Pero a su vez los ignorantes ni filosofan ni desean hacerse sabios, pues en esto estriba el mal de la ignorancia: en no ser ni noble, ni bueno, ni sabio y tener la ilusión de serlo en grado suficiente. Así, el que no cree estar falto de nada no siente deseo de lo que no cree necesitar.
—Entonces, ¿quiénes son los que filosofan, Diotima—le dije yo—, si no son los sabios ni los ignorantes?
—Claro es ya incluso para un niño —respondió— que son los intermedio entre los unos y los otros, entre los cuales estará también el Amor. Pues es la sabiduría una de las cosas más bellas y el Amor es amor respecto de lo bello, de suerte que es necesario que el Amor sea filósofo, y, por ser filósofo, algo intermedio entre el sabio y el ignorante.”
Platón: El Banquete, 203 a-d

